Como siempre, a la Iglesia se le presenta cada día el desafío de ser fiel a su misión. ¿Y qué debe predicar?. Nada ajeno a ella: a Cristo crucificado, nos enseña Pablo. Pero no se limita a un mero recuerdo histórico, sino todo lo que ello conlleva. De hecho, la cruz y la resurrección de Cristo, núcleo fundamental del evangelio, abarcan todas las verdades de la fe. Una de ellas, es la verdad acerca del hombre. Esta verdad o enseñanza acerca del hombre ha sido enriquecida de manera especial por el hecho prodigioso de la encarnación y de la pascua de Jesús. Es lo que debe predicar la Iglesia.
De la cruz y de la resurrección arrancan todas las enseñanzas fundamentales de la Iglesia. Para ello, tiene como centro la Palabra de Dios, donde se n os presenta lo que Dios ha querido para la humanidad: la salvación. En ella, la Palabra, encontramos la fuente para todo lo que constituirá posteriormente y hasta ahora el rico depósito de la fe y de la teología de la Iglesia. Y es eso lo que tiene que proclamar.
Entonces, como nos enseña la Palabra de Dios, la Iglesia mostrará el camino de la verdad en Jesucristo, el camino a la novedad de vida que conduce a la transformación radical del ser humano, la que lo convierte en el hombre nuevo. En este sentido, la Iglesia, al proclamar el evangelio de Jesús, con su cruz y su resurrección, invita a todos los creyentes y hombres de buena voluntad a que asuman el mandamiento nuevo del amor. En este se encuentran resumidos los mandamientos de la ley de Dios. Estos mandamientos giran en torno al amor a Dios y en el respeto y amor al prójimo.
Sin embargo, la situación no le resulta nada fácil a la Iglesia. A lo largo de la historia se ha tenido que enfrentar a los embates de una actitud anti ética y de relativismo moral. Muchas son las expresiones de esa situación con la que se topa la Iglesia. Desde el materialismo al individualismo, pasando por los ataques contra la dignidad y centralidad de la persona humana. Ya Pablo lo decía: la cruz de Cristo es motivo de locura para unos y de escándalo para otros. Hoy, sucede igual cuando la Iglesia, en nombre del Evangelio de Jesús, defiende la vida es menospreciada y se le llega a decir que no está con la modernidad, sencillamente porque es fiel a sus principios.
En estos tiempos de la misión diocesana, la Palabra de Dios nos advierte que hemos de ser fieles al mensaje de salvación. Que no hay que sentir miedo, antes bien sentir la fuerza del Espíritu para ir adelante. Con lo que se predica, se construye el Reino de Dios que lo es de justicia, paz y amor.
+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.